lunes, 16 de septiembre de 2013

PONENCIAS: LA FIGURA DEL DIABLO EN LAS CANCIONES DE LA MÚSICA VALLENATA

LA FIGURA DEL DIABLO EN LAS CANCIONES DE LA MÚSICA VALLENATA

De muy pocas cosas buenas en este mundo el diablo es causante. El vallenato es unade ellas, pese a que el fenómeno parece más producto de Dios que de Lucifer. Pero es que Dios, si bien es eterno, infinitamente bueno, sabio y poderoso, no es pícaro. Y el vallenato es, ante todo, picardía.
David Sánchez Juliao 


Jairo Enrique Soto Hernández
Universidad del Atlántico
Barranquilla, Colombia
e-mail: jairosotohernandez@hotmail.com

DE CÓMO LLEGÓ EL DIABLO

Una de las características culturales de Latinoamérica es el sincretismo religioso, el cual  se inició con la llegada de los españoles, quienes traían su dios propio y se encontraron con dioses distintos del suyo y con unos aborígenes cuya religiosidad no tenía nada que ver con los ritos, íconos, símbolos y creencias del cristianismo. Pero, además de Dios, los españoles también trajeron al diablo.

Cronistas y sacerdotes pretendieron desde su llegada descubrir al demonio que traían consigo, para poder propagar la doctrina del diabolismo en América, en contraposición al cristianismo que ellos predicaban. Buscaron por todos los medios acusar a indígenas y afro descendientes de prácticas satánicas, de un diabolismo traído e impuesto por ellos. Esto explica el proceso consciente de satanización que sufrieron las deidades de aborígenes y afroamericanos. Los colonizadores, sin entender la lengua, las tradiciones, y mucho menos los conceptos abstractos de las religiones americanas, determinaron que el diablo que ellos habían inventado y atacado en Europa, ahora residía en América (Sánchez, 2007, p. 23).

Antes que el diablo de los colonizadores llegara a América ya tenía una larga y amplia presencia en la cultura europea, de dónde provenía. El diablo europeo fue transformado por la cultura indígena de tal manera que resulta irreconocible. Indígenas y afroamericanos no encontraron obstáculos para adaptar el simbolismo cristiano a sus propias maneras de ver e interpretar su mundo. Es probable que no comprendieran del todo los nuevos símbolos, pero los adaptaron a sus necesidades.

El diablo, como personaje festivo, tiene presencia en casi todo el territorio latinoamericano; casi siempre aparece danzando y cantando. Lo han visto en ceremonias de la Semana Santa, en la fiesta del Corpus Cristi y en todo carnaval o fiesta popular que se realiza por estos lares.

En el Caribe colombiano, desde la época colonial, frailes y sacerdotes atemorizaban a los indígenas y afro descendientes con historias de demonios que atormentarían sus almas en el infierno como una estrategia para obligarlos a obedecer los principios del cristianismo.

El miedo al diablo constituye la experiencia más temida, la más terrible de todas las experiencias atemorizantes. Ante su presencia, no hay otra reacción distinta de la paralización o la huida despavorida. Sin embargo, para los afro descendientes, la connotación de lo satánico era muy diferente del diablo traído por los cristianos; a propósito de lo cual Michael Taussig (1979) sostiene que para los esclavizados el Diablo no significaba necesariamente ni el Mal encarnado, ni “un espíritu vengador, sino una figura de regocijo; un poderoso bufón” (p. 366).

A través del caso específico del Caribe colombiano es posible encontrar una apelación a la figura del diablo como una paradójica necesidad de salvaguardia de los valores cristianos. Andrés Isaza Gil (2008) afirma que el demonio como personaje está ligado a la noción de pecado, el cual, a su vez, en la cosmovisión cristiana está relacionado con la idea de sanción. El diablo, entonces, es funcional al sistema cristiano del más allá como un mundo bipolar de premio y castigo. Según  esta perspectiva, este ser supramundano refuerza el proyecto de Dios para con los hombres.

La del diablo es una figura mítica bíblica, por su origen y desarrollo no puede desligarse del lenguaje religioso; según la concepción judeocristiana, está relacionado con el origen mismo de la humanidad. En torno al diablo se han escrito discursos trascendentes y respetables, y de hecho, ni su presencia, ni la iconografía demoniaca, ni la imaginería respecto a él tienen un carácter exclusivamente popular, han sido históricamente más bien las élites eclesiásticas, sociales e intelectuales de la cultura occidental las que han contribuido, y quizás mucho más que el pueblo campesino, a la consolidación y expansión del mito diabólico originario y bíblico (Delumeau, 1989, p. 89).

En el Caribe colombiano sabemos de la apariencia del diablo gracias a la iconografía que de él hicieron los sacerdotes católicos durante la Colonia: de sexo masculino, con elementos zoomorfos como cuernos, pezuñas o rabo, y acompañado de un intenso olor a azufre.

A través de distintas manifestaciones de la cultura popular, con la figura del diablo, la Iglesia católica pretendió, valiéndose del poder de la intimidación, defender los principios básicos de la doctrina, la santificación de las fiestas, la necesidad de la oración, el riesgo que representan para el alma las diversiones y los placeres mundanos.

La presencia más remota de la figura del diablo en el imaginario popular del Caribe colombiano la encontramos en la primera etapa del período colonial en danzas tradicionales, en las cuales la representación del diablo se convirtió en uno de los ejes de la fiesta del Corpus Christi, celebración cuya meta principal fue mostrar el Mal para confrontarlo con las fuerzas del Bien, a fin de que este último triunfe. Las “danzas de diablo” fueron entonces una teatralización y puesta en escena de un texto dramático de oposición de contrarios: Dios-Diablo, Bien-Mal. En términos de la cosmovisión del catolicismo, el diablo es el polo que simboliza lo Malo y lo opuesto al Bien, en su máxima expresión, Dios.

El diablo llegó a la cultura popular del Caribe colombiano para quedarse. Permanece en ella a través de cuentos, chistes, dichos, refranes, música, leyendas, danzas y disfraces. Basados en su rivalidad con el Bien, construimos nuestro sistema de valores (Leibrandt, 2007). Con historias de demonios se atemorizaba a indígenas y afrodescendientes, como estrategia para obligarlos a obedecer los principios del cristianismo.

EL DIABLO EN LA CULTURA VALLENATA
Diablos, duendes, brujas, fantasmas, mandingas, espantos, malignos y aparatos han sido fuente de inspiración de muchas canciones de la música vallenata, la mayoría de ellas en ritmo de merengue, por ser el que mejor se adapta al estilo jocoso que las caracteriza, y además, porque después del paseo es el aire más comercial.

La leyenda de “Francisco el Hombre”
Una de las leyendas fundacionales de la música vallenata es la historia del enfrentamiento entre el legendario personaje Francisco “el Hombre” y el diablo, duelo que se prolongó por varios días y solo pudo ser resuelto cuando Francisco “el Hombre” derrotó al demonio cantándole el credo al revés.

Casi todos los investigadores sobre  la cultura vallenata se han referido a la leyenda de Francisco “el Hombre”: Julio Oñate Martínez, Consuelo Araujonoguera, Peter Wade, Óscar Ariza Daza, Tomás Darío Gutiérrez, Jaime Mejía Duque, Abel Medina Sierra, Carlos Ariza Romero , Rito Llerena, Luis Cerro, Lázaro Diago y Ciro Quiroz, entre otros, quienes han tratado de descubrir, explicar y difundir, con fundamento en investigaciones hechas con base en la tradición oral, el hecho cultural que le dé a la provincia de Padilla la identidad y el deseado sentido de pertenencia.

Las versiones acerca de la leyenda de Francisco “el Hombre” varían de acuerdo con el escenario geográfico local; desde La Guajira hasta el Magdalena, pasando por el departamento del Cesar, la leyenda es reclamada como propia por habitantes de cada uno de estos territorios. En La Guajira y el Cesar, Francisco “el Hombre” es la encarnación de Francisco Moscote Guerra; en un sector del Cesar se le adjudica a Pedro Nolasco Martínez y en el Magdalena es el acordeonero plateño Francisco "Pacho" Rada Batista.

A propósito de esta última versión, Alberto Hinestroza Llanos (1992) en su obra  Remembranzas de una historia: “Pacho” Rada, vida de Francisco el Hombre recoge las palabras del juglar plateño referidas a su protagonismo en la leyenda. 

(…) personalmente nunca he querido tomarme el crédito o exigir que me llamen Francisco “el hombre”. Fue mi tío Manuel Rada quien en 1916 me bautizó como Francisco “el Hombre”, al ver que yo tenía acciones de hombre, a pesar de mi corta edad. Se sorprendía que tocara el acordeón mejor que muchos adultos (p. 18).
Sin embargo, en el mismo libro de Alberto Hinestroza “Pacho” Rada cuenta de un supuesto encuentro suyo con el diablo en una ocasión en la que lo llamaron para amenizar una fiesta en la finca  Vijagual, la cual se prolongó por varios días. El  juglar narra de la siguiente manera lo sucedido:

Ensillé la bestia, y con una botella de ron inicié el regreso a mi hogar que estaba como a dos horas de camino. La bestia conocía casi de memoria el recorrido, de manera que muy pronto nos adentramos a la misma montaña. A eso de las once de la noche, escuché, no muy lejos, la música de un acordeón que interpretaba muy bien un “son”. En primera instancia creí que era Ventura Díaz o Juan Tapia, mis alumnos, ya que por tradición en esa época se presentaban los músicos a las fiestas para relevar después de varios días a sus compañeros. Me bajé de la bestia, saqué mi acordeón y me empujé un trago de ron, y apenas escuché que terminaba la pieza le conteste con una melodía mía, para que supiera donde me encontraba. Terminada mi interpretación me contestaron con otro “son”, que se oía más cerca, y volví a responder. Pero lo curioso del caso es que ni escuchaba pasos de caballos cerca, ni veía a nadie; solo oía la música del acordeón, y quien fuera que tocara volvió a contestar. Ahí sí que sentí pánico; se me erizó el pelo y guardé mi acordeón. Le puse las espuelas a mi bestia. Y más rápido que ligero busqué llegar a la casa, para hablar con María Ospino. Cuando le narré aquella horrible experiencia, ella se quedó mirándome de arriba a abajo y me dijo: “Estás tan enamorado de tu acordeón que hasta borracho escuchas su música. Seguro te empautaste con el diablo; mejor vete a acostar”. Después de ese incidente, la gente me decía que eso me había pasado porque algún mal querían echarme. Otros aseguraban que aquello era obra del propio Satanás, disgustado porque no quería componerle alguna canción en su honor. En aquella época esos comentarios me parecían lo más natural, y sin darme cuenta se fueron corriendo de boca en boca, de manera que, como siempre ocurre, cada persona le agregaba o le quietaba detalles a la historia. Eso sí, lo bueno de todo es que siempre me colocaron como el vencedor de la batalla (Hinestroza, 1992, p. 26- 27).
Muchos han narrado en diferentes versiones y maneras esa supuesta batalla de Francisco “Pacho” Rada con el diablo, pero la verdad es que él no aceptó nunca haber visto al diablo “en persona, es decir, así como lo pintan con cachos, rabo y tenedor”. Lo cual es reafirmado en la entrevista concedida por “Pacho” Rada al escritor Rito Llerena (1985), publicada en el libro Memoria cultural del vallenato, en la cual el juglar responde a la pregunta: ¿La gente habla, comenta que usted tuvo un encuentro con el diablo?, en los siguientes términos: – “Usted sabe que la gente comenta; sí, la gente a todo le pone más de lo que es la historia. Yo nunca toqué con el diablo, no puedo echá esa mentira de decí que yo me encontré con el diablo” (p.  121).

En la población de El Paso (Cesar) se cuenta la historia del acordeonero Pedro Nolasco Martínez, de quien se dice derrotó al diablo, al igual que Francisco Moscote Guerra y Francisco “Pacho” Rada, interpretando en acordeón del credo católico como contundente elemento para dirimir el conflicto. Este tema ha sido abordado por varios investigadores culturales del Caribe, cada uno de los cuales ha dado su versión acerca del pugilato entre Lucifer y el acordeonero pasero, los cuales presentamos a continuación.

En el libro Vallenato, hombre y canto, escrito por Ciro Quiroz Otero (1983), sin lugar a dudas una de las investigaciones que más aporta al conocimiento de esta música, especialmente en lo relacionado con los posibles orígenes del vallenato a partir de los cantos de vaquería, el autor narra la historia del enfrentamiento que sostuvo Pedro Nolasco Martínez con el diablo de la siguiente manera:

(…) El encuentro de marras ocurrió un lunes por la mañana, cuando Nolasco venía de tocar de El paso y viajaba para Chimichagua por el camino de la “Ceibita”. Sonaba el acordeón sobre su burro y al cruzar un rastrojo escuchó el sonido magnifico de otro músico. Nolasco sabía que él era el mejor de la tierra, de manera que apresuró el paso y se trenzó en arriesgado duelo con el forastero que lo había incitado (…) Una pieza tocó y con otra respondió el Maligno y las melodías se fueron intercalando. Sintiéndose perdido, Nolasco recordó que el diablo temía a las oraciones y comenzó entonces la improvisación en la que utilizó como letra el texto del Credo (p. 171).
 Otro investigador que aborda y recrea este legendario episodio es Luis Cerro Córdoba (2007), quien en Crónicas de El Paso, obra de incalculable valor para la cultura del Caribe, duda de la veracidad del relato de Pedro Nolasco y relata de la siguiente manera lo sucedido:

Pedro Nolasco, que se mantenía en un constante contrapunteo con José Antonio Serna y otros tantos acordeoneros, experimentó una contienda con el diablo, a través de una pesadilla en las siguientes circunstancias:

Un 26 de abril por la tarde, salió Pedro Nolasco del pueblo de El Paso, montado en su burro, hacia el hato La Ceibita, donde se desempeñaba como capataz de corral, con su acordeón acomodado por las piernas, después de haber permanecido dos días y dos noches sin dormir amenizando la fiesta de San Marcos Evangelista. Obviamente al alejarse del pueblo, viajando por el camino solitario, Nolasco sucumbió al temor de enfrentar al diablo, puesto que él se consideraba sobresaliente ante los demás acordeoneros de la región.
Mientras avanzaba, temeroso por aquella lóbrega ruta, Nolasco fue vencido por el sueño y el cansancio y mientras viajaba dormido sobre su burro, el subconsciente le reflejo el temor y empezó a soñar que estaba enfrentado en una piquería con el diablo y mientras hacía esfuerzos para interpretar la oración del credo en su acordeón, se cayó del burro y la postración de la pesadilla lo inmovilizó hasta el otro día que lo levantaron sus compañeros de trabajo y durante el resto de su vida continuo diciéndole a la gente que había sostenido una piquería con el diablo (p.  79-80).


 La versión de la confrontación de Pedro Nolasco Martínez con el demonio fue recreada por Samuel Martínez Muñoz en su composición musical El Maligno, registro en la voz de su autor que se mantiene gracias al trabajo de Ocora - Radio France en el álbum Colombie, le vallenato, la nuit production, grabado en la voz de los propios juglares, mientras se filmaba el documental "Où Chantent des accordéons, la Route du Vallenato - Film Festival - Voyage en Colombie" en septiembre de 1996, cuya letra transcribimos a continuación:

    El Maligno
Eso es cosa que sofoca
de tarde o de mañanita.

Eso es cosa que sofoca
 de tarde o de mañanita

Me encontré con el Maligno
de El Paso pa’ La Ceibita.

Me encontré con el Maligno
de El Paso pa’ La Ceibita.

Pero na’ me ocurrirá
si viene el Diablo a tocá.

Le rezo el creo y se va
y un padrenuestro na’ ma’.

Sin lugar a dudas, de todas las versiones del enfrentamiento en duelo de acordeón entre el diablo y Francisco “el Hombre”, quien a la postre resultó vencedor interpretando en su acordeón el credo al revés, la de Francisco Moscote Guerra es la que goza de mayor divulgación y trascendencia.

De ella se han recreado variadas narraciones, siendo el premio Nobel Gabriel García Márquez (1982) quien la universalizó en la novela Cien años de soledad. En ella narra la llegada de Francisco “el Hombre”, un anciano trotamundos de casi doscientos años que con frecuencia visitaba Macondo divulgando las canciones compuestas por él mismo, en las cuales relataba con detalles las noticias ocurridas en los pueblos del Caribe:

Francisco “el Hombre”, así llamado porque derrotó al Diablo en un duelo de improvisación de cantos, y cuyo verdadero nombre no conoció nadie, desapareció de Macondo durante la peste del insomnio y una noche reapareció sin ningún anuncio en la tienda de Catarino. Todo el pueblo fue a escucharlo para saber qué había pasado en el mundo. Aureliano encontró a Francisco el Hombre, como un camaleón monolítico, sentado en medio de un círculo de curiosas. Cantaba las noticias con su vieja voz descordada, acompañándose con el mismo acordeón arcaico que le regaló Sir Walter Raleigh en la Guayana, mientras llevaba el compás con sus grandes pies caminadores agrietados por el salitre (p. 23).
 Por su belleza narrativa, destacamos la versión de la leyenda de Francisco “el Hombre” del maestro Rafael Escalona Martínez (2000), quien dibuja una hermosa postal costumbrista al narrarla.

Otra versión de la leyenda de Francisco “el hombre” la reseña el escritor sucreño Jairo Mercado Romero (1995) en su obra Literatura Oral del Caribe colombiano, trabajo publicado por la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, con el cual obtuvo mención de honor en el premio nacional convocado por el Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) en la modalidad “literatura oral, negra y raizal” en 1993.

Uno de los trabajos más serios en búsqueda de las huellas de la historia de Francisco Moscote Guerra es la investigación publicada por el Fondo Mixto para la Promoción de la cultura de La Guajira titulada Francisco el Hombre: leyenda y realidad, del historiador bolivarense, radicado hace muchos años en Riohacha (La Guajira), Lázaro Diago Julio (2011), quien en el capítulo VI (“El Diablo y algo más”) sustenta la tesis de la fantasía del famoso duelo del diablo y Francisco “el Hombre”.
Además de ser muy contada, la leyenda de Francisco “el Hombre” se ha convertido en motivo de inspiración para nuestros juglares, de manera que son muchas las composiciones musicales referidas al legendario enfrentamiento en duelo de acordeones, en el cual el diablo sale derrotado.


Yo vengo de tierra lejana
soy un diablo desatao.
Prepárate, Francisco el Hombre,
que te tengo acorralao.

Y Francisco sentenció:
Muy diablo puede sé
no me tiene acorralao
por ser diablo desataote
rezo el credo al revé.

(Palacio, citado en Quiroz, 1983, p. 169).

En 1970 Luis Enrique Martínez, popularmente conocido como “el Pollo vallenato”, grabó para el sello Costeño de Codiscos el álbum El Gran Vallenato, en el cual incluyó la puya de su autoría Francisco “El hombre”.

Francisco el Hombre fue el hombre (bis)
de la puya y el merengue (bis).
Solo ha quedado el renombre
de su historia y sus saberes (bis).

Francisco el Hombre en Galán (bis)
dejó un recuerdo infinito
y todos recordarán
todo lo que fue Francisco (bis).

Que tocaba puya
tocaba merengue (bis).
Bailaban mujeres alegres y muy saramuya (bis)
y muy saramuya ¡ayyy!
Bailaban la puya ¡opa! y muy saramuya ¡uy! bailaban la puya.

Después de Francisco el Hombre (bis)
en Fonseca fue Luis Pitre.
Después de Francisco el Hombre en Fonseca fue Luis Pitre.

¡Ombe! tuvo su renombre según la historia lo dice (bis).

Tocaba la puya
tocaba merengue (bis).

Bailaban mujeres alegres y muy saramuya (bis)
y muy saramuya (¡ayyy!).

Bailaban la puya (¡ueee!) y muy saramuya (¡ayyy!) bailaban la puya (¡anda!).

El barranquillero Alberto Pacheco Balmaceda, Rey profesional del Festival de la Leyenda Vallenata en 1971, compuso el merengue Francisco el Hombre. Este canto del folclor caribe fue incluido en el álbum Homenaje a Alberto Pacheco, el cual fue prensado para el sello Sonolux en 1983.

Francisco “el Hombre”
Señores, yo soy el hombre
El del acordeón terciao
Soy el hombre de renombre que de lejos ha llegao.

Y si el Diablo se aparece,
digo en mi improvisación,
 que se encomiende y rece,
si es que sabe de oración.

Yo le cantaré otra vez
exprimiendo mi acordeón.
Si es muy tesa la cuestión
le canto el credo al revés

El compositor y cantautor Luis José Ramírez Gutiérrez, “el Checa”, nativo de la Paz (Cesar), es el autor e intérprete de la canción Francisco “el Hombre” y su credo al revés, reseñada por Carlos Ariza Romero (2008) en su obra La alegoría del diablo en la canción vallenata, quien afirma: 
El encuentro de Francisco con el Diablo es un testimonio de Fe Católica, gracias al cual, argumenta que Francisco “el Hombre”, hábilmente le tendió una trampa al Diablo que consistió en invertirle el “Credo”, de tal suerte que su contrincante automáticamente y de manera desapercibida, le replicase al derecho, con lo cual el diablo estaría rezando “El Credo” al momento de contestarle a Francisco  (p. 31).
 Francisco “el Hombre” y su credo al revés
Cuanta la historia que existió un juglar
Muy connotado aquí en nuestra región
Que se paseaba tocando acordeón
Y con sus versos se hacía respetar.

Era Francisco, Francisco el Hombre
Que hizo leyenda al derrotar
Todo el hechizo, la magia enorme
De su enemigo el gran Satanás
Y con fe en Cristo “el rey de los hombres”
Invirtió el credo y empezó a versear (credo al revés).

Allí el demonio en la trampa cayó
Porque al derecho quiso replicar
Qué tarde fue cuando cuenta se dio
Que al mismo Dios le empezaba a rezar  (bis).

Cuenta es historia que Francisco el hombre
Fortaleciendo su fe en el Señor
Persiguió al diablo tocando acordeón
Y este aterrado en el fuego se esconde.

Pero Francisco, Francisco el Hombre
Perseverante por condición
Rezó cantando y tocó con goce.

La melodía del Amor Amor
Verso tras verso de contragolpe
 Al revesino siguió su oración.

Allí el demonio desapareció
Y la humareda se perdió en el aire
Pero Francisco nunca se confió
Y terminó el duelo con esta frase:…

El credo al revesino y en jerigonza se canta de la siguiente manera:

Pactos con el diablo

El pacto con el diablo es uno de los elementos más arraigados en la historia de la relación del diablo con el hombre. Casi siempre es la codicia por el poder, el dinero o la curiosidad por saber lo que seduce al humano. En el pacto, el hombre le vende su alma al diablo para recibir a cambio riqueza, poder, talento, poderes mágicos u otros dones (Leibrandt, 2007). Este tipo de pacto en sus muchas variantes es una constante en cuentos y narraciones populares en el Caribe colombiano.

Con el deseo de poseer un poder sobrenatural, de ejercer un cierto dominio sobre lo mundano, el hombre establece una alianza, un pacto, con el demonio con el cual se contraen, teóricamente, obligaciones de parte y parte.

Desde tiempos inmemoriales el hombre ha tenido  la disposición para negociar con los dioses y los espíritus, incluso con los malvados; lo hace en busca de mejorar sus condiciones de vida en la tierra. Es así como realiza pactos y ofrendas para conseguir riqueza, poder, salud, bienestar, sexo o fama, a cambio de entregar el alma a quien logre concederle sus peticiones.

En el pacto con el diablo, es el sujeto quien lo solicita a cambio de su alma, y como contraprestación recibe, según lo intereses de cada cual, dinero y riquezas, habilidad en la ejecución de instrumentos musicales y para el baile, éxito con las mujeres, suerte en los juegos de azar, etc.

A propósito de pactos con el diablo, Carlos Ariza Romero (2008) en su obra Alegoría del Diablo en la canción vallenata afirma que (…) al Diablo no le gusta hacer pactos con personas indigentes o personas de precaria condición económica, como tampoco con los asalariados y ventajistas sino con gente responsable, de excelente relaciones públicas adineradas y emprendedoras (p.51).

Un pacto con el diablo en versión de Hernando Marín

Quizá, la mejor descripción de un pacto con el diablo lo encontramos en el cancionero de la música vallenata.  Vale la pena recordar la canción La bola e´ candela, interpretada por Peter Manjarrés con el acompañamiento del rey vallenato Sergio Luis Rodríguez, incluida en el volumen n˚ 1 del álbum ganador del Grammy latino Sólo Clásicos, autoría del desaparecido compositor Hernando Marín Lacouture (1944 - 1999), guitarrista y cantante, nacido en el corregimiento de El Tablazo, en el municipio de San Juan del Cesar (La Guajira), y quien murió en un trágico accidente en carreteras del departamento de Sucre.

En la composición que transcribimos a continuación se relata con maestría la historia de un ganadero que hace pacto con el diablo para recibir riquezas a cambio de la vida de los trabajadores de sus fincas. En el Caribe, la gente aferrada en sus creencias les atribuye estas mismas versiones de los pactos con el diablo a las personas que se destacan en el ámbito productivo y mejoran significativamente sus condiciones de vida económica.

La bola e´ candela
Vengo a contarles la historia
de cosas que pasan en nuestra región.
Hay muchos que creen en el Diablo
que piden dinero con la condición
que le entrega un trabajador todos los años
el distinguido, que entre todos sea el mejor.

Y el Diablo dice que cuida’ o con un engaño
que su dinero nunca cambia de valor.

En esta primera estrofa se describe en qué consiste el pacto con el diablo y las condiciones para que el acuerdo se lleve a feliz término. Luego, el compositor ubica geográficamente el hecho que va a narrar en la hacienda Convención, y más tarde enumera los beneficios obtenidos con el pacto:

La gente decía que allá en Convención
siempre se perdía al año un trabajador.
Yo no quiero trabajador
yo quiero es a Jorge Dangond.

Como en el cielo y en la tierra
no se oculta nada, póngame atención.
Dicen que aunque no lloviera
la mejor cosecha salía en Convención.

Pero una vez se presentó una polvareda
todo era oscuro aunque afuera estaba el sol
y de repente llegó una bola ‘e candela.
Decía la bola: “¿Dónde está Jorge Dangond?”
La gente corría con miedo y pavor
y el Diablo decía: “No quiero trabajador
no quiero trabajador / yo quiero es a Jorge Dangond”.

Jorge le preguntó al Diablo:
“¿Por qué está tan guapo?, ¿qué quiere de mí?”
y al Diablo le crecían los cachos
echaba candela y se ponía a reír.
“Es que no quiero más gente de tu trabajo
yo quiero un rico, de tantos que hay por ahí”.

Le dijo Jorge: “Yo te traigo un primo hermano
que usted conoce, es Rodrigo Lacouture”.
Y el Diablo le dijo: “¡Ay no, por favor!
Tráigame otro primo, porque ese es un vividor”.

Yo lo conozco es vividor (bis)
Porque Rodrigo es vividor 
(Marín, 2008). 

Hernando Marín utiliza la ironía, la risa y la caricaturización del diablo, quien se muestra molesto por el engaño; es decir, lo presenta como un ser muy poderoso, engañado por la astucia de un ganadero que le cambia riqueza por trabajadores; todo ajustado al rito contractual. Se produce una compraventa en la que el ganadero, a cambio de conseguir bienes materiales, paga siempre el mismo precio: su alma. Lo anterior se reafirma en el texto Las canciones vallenatas como sistema de interpretación del mundo. El sustrato mítico en “La bola é Candela” de Hernando Marín, del investigador Oscar Andrés Ariza Daza (2006) cuando sustenta que:
La transposición de valores es lo que permite establecer a través de la burla una crítica a los elementos modernos, así la imagen del diablo todopoderoso es cambiada por la de alguien engañado y la del hombre se configura como la de un “vividor” que engaña a todos y a quien el mismo diablo le teme. La transposición de valores y la caricaturización del diablo, que a pesar de su furia no logra impresionar a Jorge, es lo que nos permite ver cómo en el texto se instaura una forma de evaluar el mundo a través de la subversión de la norma, la presencia de la risa y la ironía, elementos constitutivos de la carnavalización (p. 5).
En opinión del investigador Carlos Ariza Romero (2008), 
(…) La genialidad de este trovador guajiro consiste en haber revivido el canto de leyenda, poniéndole música al cuento realidad, conjugando lo histórico con lo imaginario, lo cual puede verse como una forma de realismo mágico en el paradigma del universo macondiano (…) (p. 50).
 En conclusión, podemos afirmar que detrás de los llamados “pactos con el diablo” se muestra una crítica de las sociedades campesinas frente a las desigualdades económicas con sus patronos. Era una manera de estigmatizar al nuevo rico y asumir que su dinero estaba relacionado con el diablo.


EL DIABLO HECHO CANCION
En el Caribe son reconocidas composiciones como: Encuentro con el diablo, del compositor nacido en Chimichagua (Cesar) Camilo Namen Rapalino, personaje alegre y agradable, quien cuenta una historia jocosa sucedida en algún lugar del Caribe, en la cual narra un episodio real que le ocurrió luego de sufrir un accidente de tránsito:

Me dirigía desde Fundación para Santa Marta; ejercía en ese entonces como concejal del municipio de Fundación y ese día me habían elegido presidente del Cabildo. Salí en compañía de un primo y nos accidentamos. Como yo lo veía muy mal, lo llevé al Hospital San Juan de Dios en Santa Marta. Cuando llegamos allá me privé y duré inconsciente, y la radio comenzó a dar la noticia de mi muerte. Cuando desperté compuse esa canción.


Esta joya del folclor del Caribe se hizo célebre en la voz de Alfonso “Poncho” Zuleta, acompañado por  el acordeón de Emiliano Zuleta, quienes la incluyeron en el álbum El Cóndor Legendario, prensado para el sello CBS en 1977, la cual transcribimos a continuación:

Encuentro con el diablo
Me dicen que el tres de noviembre
 la radio una noticia dio  (bis).
Y así lo gritaba la gente
 un parrandero bueno se murió  (bis).

Y San Pedro conmigo fue indiferente,
 y llegando a la  puerta me rechazó.
Me dijo: “Parece usted mala gente,
 déjeme consultar esto con Dios” (bis).

Me quedé esperando la respuesta.
Me sentía bastante preocupado
y me dijo: “Aquí Dios no lo acepta
porque usted ha cometío muchos pecados”.
Me mandaron derecho pa´ onde el Diablo
 y tampoco me quiso abrir la puerta (bis).

Cuando iba saliendo me dijo un diablito:
“El Diablo que se vaya pa´ la tierra
Porque usted todavía está jovencito
 y que siga su vida parrandera”.

Camilo Namen nos contó la manera como lo impacto lo sucedido. “(…) despertarme en un cuarto de hospital, y conocer de las noticias de mi muerte, e incluso leer los mensajes con las primeras manifestaciones de condolencias por mi fallecimiento, fueron las primeras imágenes inspiradoras para esta creación”. Quizá una de las más parranderas del cancionero popular del Caribe. La desbordante imaginación del compositor lo llevó a contemplarse en pleno juicio final, respondiendo por sus actos en la tierra. “Aquí Dios no lo acepta, porque usted ha cometío muchos pecados”, le dijo San Pedro, condenándolo al infierno. “(…) ahora sí la vaina se puso maluca, pensé; con la sorpresa que en ese lugar tampoco fui bien recibido, pues para el Diablo mi condición de joven y parrandero eran bien vistas, e inclusive me utilizo para traer unos mensajes para un grupo de amigos”:

Le dice a Poncho Cotes y Andrés Becerra
Que aquí lo esperamos ligerito
que se traiga a Escalona y a Emilianito
pa que empiecen a pagar su condena
y al negro Amarís y a Juanchito
que pa´ ellos están listas sus penas” (bis).

Y después del sustazo que me llevé
por todo lo que estuve pasando
en el San Juan de Dios desperté
con ganas de bebé y seguí gozando.

Pero yo no sé cómo van a hace
esa gente que el diablo está esperando
y si no se corrigen van a ve
el vainazo que les va a echa ese diablo
que ya yo mi problema lo arreglé
porque de la tierra más nunca salgo (bis).

 El mismo juglar, Camilo Namen Rapalino, compuso un merengue muy alegre, una verdadera alabanza a la soltería, titulado El libre, en el cual compara al matrimonio y la condición de casado con el demonio. Este merengue fue grabado por Jorge Oñate con el acompañamiento del conjunto de los Hermanos López e incluido en el álbum Bodas de Plata en 1973.

             El Libre
           (Fragmento)
Como me gusta bebé y parrandiá
a mí no me gusta el matrimonio.
Si yo me caso me sale el demonio
no tomo trago ni puedo cantar.

 En la población de San Diego (Cesar) es popular la historia, recogida con maestría en la composición del abogado y escritor Alonso Fernández Oñate, Rey de la Canción Inédita del Festival Vallenato en 1976, quien compuso un paseo costumbrista titulado El diablo de San Diego, interpretado por Jorge Oñate y el acordeón de Emilio Oviedo, acompañado por el grupo Los Guatapurí, el cual fue incluido en el álbum Festival Vallenato, prensado en 1968.

El maestro Alonso Fernández Oñate con gran imaginación relata lo sucedido en tierra sandieguera con la aparición del diablo y presenta una iconografía diferente del demonio: sin cuernos, sin llama en la boca, ni fuego en los ojos,  y lo muestra como un apuesto caballero que acudió al llamado de dos borrachos que en medio de la juerga lo invocaban de manera reiterada y lo retaban a demostrar su existencia: a quienes se le aparece y se toma un trago con ellos. El texto de ese paseo es el siguiente:

El Diablo de San Diego
Creo que fue en San Diego
donde me dijeron que había aparecido
un Diablo sin cuernos, sin llama en la boca
ni fuego en los ojos,
en montura blanca, con espuelas de oro,
y algo presumido,
a cumplir la cita que le hacían
dos hombres borrachos y atrevidos.

“Si el Diablo existe que venga
para que se tome un trago”.

Otro dijo renegando:
“¡Eso es para los pendejos!”

Así, diciendo y llegando
el apuesto caballero
“¡Vengo a que me den el trago
y a ver quién es el pendejo!”

Todos asustados cayeron al suelo.
Sin conocimiento se los llevó el Diablo
corriendo y volando en ancas al monte.

Entre llanto y ruegos le pedían al Diablo
que los perdonara
y se arrodillaban
para convencerlo que eran hombres buenos.

Entonces les dijo el Diablo:
“¡Déjense de esa idiotada!
No los quiero en el infierno
porque no sirven de nada.
Si mis pailas lo aceptaran
tal vez me los llevaría
y a este pueblo lo libraba
de todas sus herejías,
de tanta fanfarronada
y de tanta cobardía”.

Otra composición vallenata en la cual se le atribuye al diablo la facultad de hacernos empedernidos parranderos, capaces de olvidar hasta de la familia, es la pieza musical creada por Francisco “Pachito” Rada Ortiz –quien nació el 15 de octubre de 1934 en El Difícil (Magdalena), producto de la unión del juglar Francisco “Pacho” Rada con Blanca Ortiz Zambrano– titulada El diablo es molestoso, en la cual el Maligno utiliza la parranda como medio de perdición. Esta obra musical fue interpretada por el juglar Enrique Díaz, quien la grabó en 1980 y, además, utilizó el nombre de la canción para titular el “long play”.

La composición de “Pachito” Rada tuvo como fundamento la tesis de que el diablo popularmente es considerado un omnipresente acompañante del hombre, un seductor sin escrúpulos, un ser que siempre encuentra una víctima a la cual intenta arrastrar hacia la perdición, un corruptor que como ningún otro conoce los lados débiles del hombre. A continuación transcribimos la letra de la referida pieza musical:

El diablo es molestoso
Creo que es el diablo el de esos pensamientos
Que el hombre deba gastar su dinero (bis).
Con aquellos amigos pendencieros
Que creen que la parranda es todo el tiempo  (bis).

El que trabaja sí debe gozar
Pero no hay gozo en vivir parrandeando (bis).
El hombre debe tomarse los tragos
Y también pensar en algo que dejar (bis).

Aquel que no guarda su dinero
El día que se muera nada les deja
A sus hijitos que solo se quedan
Y solo lleva el nombre de parrandero.

Muchas personas dicen que es un tonto
El que trabaja y guarda sus centavos.
Y como el diablo ha sido molestoso
Siempre le aconseja al hombre es lo malo (bis).

Aquel que no guarda su dinero
El día que se muera nada les deja
A sus hijitos que pobre se quedan
Y solo lleva el nombre de parrandero (bis).

Procura ser ejemplo en tu destino
Y no de ser un vago por la calle
Como aquellos que he visto miserables
Sin labrar un porvenir para sus hijos (bis).

Aquel que no guarda su dinero
El día que se muera nada les deja
A sus hijitos que pobre se quedan
Y solo lleva el nombre de parrandero (bis).

El juglar sanjacintero Andrés Landeros Guerra (1931 -2000), indiscutido rey de la cumbia en acordeón, compuso e interpretó la pieza musical Si el diablo me sale, incluida en el álbum El Clarín de la montaña, en la cual, además de dar cátedra en la ejecución del acordeón, hace un minucioso recorrido por la génesis geográfica de los aires tradicionales del vallenato, al tiempo que responde a quienes pretendían encasillarlo solo en la ejecución de sones y cumbias con la sentencia: Que si le sale el diablo, él sin necesidad de rezarle el credo al revés o un padrenuestro, tal y como les correspondió hacer a los acordeoneros anteriores que lo enfrentaron, él solo ejecutando su acordeón hará escurrir al Maligno. Este canto folclórico dice así:

Si el diablo me sale
El merengue es vallenato
Porque en el valle nació
Francisco el Hombre en Macho Ballo
la puya la ejecutó
Y si a mí me sale el diablo
También se la toco yo (bis).

El son es magdalenense
Porque allá fue a´onde nació.
Y el paseo cesarense
Que ese lo ejecuto yo (bis).
Y sin que Landero le rece
El diablo se le escurrió (bis).

La cumbia es bolivarense
Porque acá fue a´onde nació (bis).
A mí que me pertenece esa la ejecuto yo.
Lo mismo el porro sinuano
Porque allá fue a´onde nació (bis).

Adolfo Pacheco Anillo participó en el Festival de Leyenda Vallenata de 2011 en la modalidad de “canción inédita” con la composición en ritmo de merengue El diablo de García. “(…) yo hice esa crónica como homenaje a Rafael Escalona, quien es el padre de la crónica, narrando una historia basada en un hecho ocurrido en la ciudad de Valledupar hace pocos años, en casa de mi compadre, el también sanjacintero Rafael García”.

Néstor, hijo de Rafael García, le contó al compositor de los Montes de María que en su casa un día cualquiera se prendió una biblia y que el altar con la imagen de la Virgen se destrozó. Que su papá estaba muy asustado. Por la casa de Rafael García desfilaron toda suerte de sacerdotes católicos, brujos, chamanes e indios de lo más alto de la Sierra, pastores de varias iglesias evangélicas y hasta rezanderos de velorio, quienes haciendo uso de lo mejor de su repertorio en prácticas de exorcismo nada pudieron hacer para derrotar al demonio y sacarlo de una vez y para siempre de la casa de Rafael. Ni siquiera el credo al revés cantado por Néstor su hijo, ni los baños con aceite de oliva y pétalos de rosa en las aguas sagradas del río Guatapurí impidieron que el diablo continuara haciendo travesuras en casa de los García. Fue necesaria la intervención de dos monjas de la comunidad de Clarisas, acompañadas del Casi cura Mayoya, quienes con dos misas lograron sacar al Maligno de casa de los García con el rabo entre las piernas.

 El diablo de García
Yo que no creía en brujas ni hechicerías
Me ha tapado la boca el Diablo en Valledupar.
En forma de candela se metió con los García
Quemándole la Biblia y destrozando un altar
No sabía Lucifer, ¡ay¡ con quién se metía (bis).
Porque en avisparía es más Diablo Rafael.
No sabía Lucifer, ¡ay¡ con quién se metía
Porque Néstor sabía rezar el credo al revés.

Buscaron un chamán, un rezandero del pueblo,
un pastor protestante, un indio de los de aquí.
Con aceite de oliva y de rosas lavó el cuerpo
en las aguas sagradas del río Guatapurí.
Pero nada sirvió, el Diablo se reía.
El hechizo siguió en casa de los García (bis).

Les recomendé hablar con Elsa, mi hermana
que tiene relaciones con Dios en el más allá.
Ella lee en las cartas el presente y el mañana.
Pero Néstor tenía la solución de verdad.
Con dos monjas Clarisas y el cura “Mayoya”
lo sacó de la olla solamente con dos misas.
Se acabó así la juerga, el Diablo dio un gemido
Y huyó despavorido con el rabo entre las piernas.

La gente de mi pueblo, que se peina con la lengua,
Dice que Rafael vendió el alma a Satanás.
Eso explica con lujo que riquezas ahora tenga.
No sabiendo que Rafa es un burro pa’ trabajar.
Tengo esa facultad, no sé por qué se asombran,
también tengo la contra para la malignidad (bis).

Yo que a Rafa conozco, sé que no era muy creyente.
Un cuentero famoso, como no hay en la región.
Ahora se la pasa predicándole a la gente,
con camándula en mano, el evangelio de Dios.
Les puedo asegurar, dice con su razón,
que no hay religión como la católica.

En la canción Que me salga el diablo, el compositor Rafael Enrique “el Taty” Jácome Ariza reta al diablo armado de sus valores de hombre íntegro y respetuoso, lo cual le sirve como escudo ante la presencia de la maldad encarnada en el demonio. Esta pieza del cancionero vallenato, cuyo texto transcribimos a continuación, fue interpretada por los Embajadores Vallenatos: Robinson Damián y Ramiro Colmenares.

Que me salga el diablo
Dicen que yo soy buen pollo
Cuando estoy en la gallera
Que peleo pico y espuela
Y siempre me han dicho buen gallo.
No le tengo miedo al diablo
Yo no le temo a ninguno.
Yo respeto a todo el mundo
Y yo con ninguno me alabo.
¡Ay! yo no conozco lo malo.
Yo he sido un hombre sincero
Con todo el mundo soy bueno.
¡Ay! que me salga el Diablo
Que me salga el Diablo (bis).
Que me salga.
Yo no le hago mal a nadie
Porque el que la hace la paga
Y aquel que en mal paso anda
Seguro que mal acaba.
Siempre pienso en el mañana
No solo en el día de hoy
Y por donde quiera voy
Llevo mi frente en alto.
Como soy buen vallenato
Quiero mucho a mi región
Esa tierra de folclor
Donde nació Pedro Castro.
¡Ay! que me salga el Diablo
Que me salga el Diablo (bis).
Que me salga.

A través del tiempo la mujer ha sido una de las fuentes más rica para la inspiración de los compositores vallenatos, quienes en antológicos versos logran crear verdaderas poesías que enaltecen su belleza y porte. Otros, por el contario tocados por el desamor y la indiferencia, compusieron cantos en los cuales fustigan la conducta y el comportamiento de estas.

En el tema Las mujeres, en ritmo de paseo, el acordeonero y compositor de San Juan del Cesar (La Guajira) Isaac “Tijito” Carrillo Vega le adjudica a la mujer mala y bonita pacto con el demonio, y compara los poderes de ésta con los del Maligno. Este canto fue incluido en el álbum El vallenato mayor, interpretado por Iván Villazón, acompañado en el acordeón por el urumitero José María “Chema” Ramos.

Las mujeres
       (Fragmento)
La mujer mala y bonita
tiene pactos con el demonio.
Por culpa de las mujeres
se acabó el sabio Salomón.
Con unas tijeras mochas motilaron a San Antonio.
También acabó Dalila con el forzudo Sansón.
Pero conmigo te das porque no soy majadero.
Es cierto que yo te quiero, pero no te puedo rogar.

A ti te condenaran en la justicia divina.
Te juro. mala mujer. que tu infamia no tiene nombre.
pero te voy a decir como dijo Vargas Vila
que las mujeres nacieron para que sufrieran los hombres.

Emiliano Zuleta Baquero (1944 - 2005), reconocido compositor, acordeonero y cantante, popularmente conocido como “el viejo Mile”, nacido en La Jagua del Pilar (La Guajira), también alude al demonio en el conocido merengue Que el diablo tenga la culpa, compuesto como respuesta a la canción La carta, del juglar Lorenzo Morales, cuya primera estrofa dice: 

Le mandé a decí a Emiliano Zuleta
que para los carnavales me espere,
que quiere tocar las teclas conmigo
y así como yo le digo él no puede.

“El viejo Mile”  le responde con esta creación costumbrista, en la cual le concede al Maligno la única posibilidad que garantizaría una eventual derrota suya  ante el legendario Moralito, junto con el que protagonizó la antológica controversia. Bien lo define el investigador y docente universitario Ariel Castillo Mier cuando afirma que:

“(…) el gran fuerte del viejo Emiliano lo constituye el vallenato bravucón, de palabra pendenciera, con la que vapuleaba a sus contendores (…)”.
Que el diablo tenga la culpa
             (Fragmento)
 Los que han visto a Lorenzo tocando
Me dicen que es verdad que ejecuta
Pero si se lleva a Emiliano
Que el Diablo tenga la culpa.

Me le dice a Morales que venga acá
Que yo estuve en La Jagua y no estaba allá. 

El acordeonero y compositor Adriano Salas Manjarrez, oriundo de San Pedro (Sucre), alude a la presencia del diablo en el tema Caño Lindo, clásica composición de la música vallenata, cuyo motivo de inspiración es ilustrado de manera magistral en el libro Crónicas de El Paso por el escritor Luis Cerro Córdoba (2007) de la siguiente manera:

En la década de los sesenta, Adriano Salas se encontraba en la finca Los Llanos, de propiedad de don Julio Sierra, arreglando unos cercos, donde hay un caño de aguas estancadas, que ellos denominaron Caño Lindo. Don Julio Sierra, distinguido ganadero, acostumbraba a llegar muy temprano a cada una de sus fincas, a revisar su ganado y los trabajos que permanecían realizando sus trabajadores.

En una de estas ocasiones llegó don Julio a su Finca Los Llanos, a tempranas horas de la mañana; sus obreros se estaban preparando para dirigirse a sus sitios de trabajo; al tiempo que acudieron a saludarlo, él sacó a relucir un gracejo diciéndoles entre una sonrisa: “Yo traía miedo ahora que venía pasando por la ceja de monte esa que está allí antes de llegar al Playón de la Malva.” Los obreros, intrigados, acudieron a preguntarle a su patrón: “¿Ajá, don Julio y por qué tanto miedo?” Él les respondió entre carcajadas: “¡Carajo!, pensando que me podía salir el diablo hablándome de parranda, porque aquí en los Llanos, Adriano Salas no habla de otra cosa que no sea parranda”. La risa entre los allí presentes se intensificó por motivo del gracejo de don Julio y luego los obreros se desplazaron a sus sitios de trabajo.

Adriano Salas, quien para componer sus canciones se afianzaba en los paisajes de la naturaleza, esta vez se inspiró en la versión del gracejo de don Julio y por la tarde al regresar del trabajo tomó su escachalandrada guitarra y empezó a tararear los versos (Cerro, 2007, pp. 123-124).


La canción fue interpretada, entre otros, por el juglar nacido en Maríalabaja (Bolívar) Enrique Díaz Tovar, quien hace de ella una de las más bellas versiones.


Caño Lindo
(Fragmento)
Adiós, Caño Lindo, ya me voy despidiendo.
Adiós, panorama delicioso de los llanos.
Me voy de esta tierra por motivos de invierno,
Y ahora volveré en el próximo verano (bis).

Dijo Julio Sierra
Si me llevo mi ganao
Como cajonero yo me llevo a Adriano Salas
Pidiéndole a Dios que no se presente el Diablo
Con un tiple viejo hablándole de parranda.

Coro
Ya no se ven los pastos por el agua
Ya no está inundada toda la región.
Ya no acompaño más con mi guitarra
A las aves silvestres del playón (bis).

En estilo jocoso, el compositor muestra cómo el diablo no anda escaso de apariencias; su principal cualidad es el polimorfismo. Puede manifestarse en cualquiera de las formas que el hombre alcanza a ver, sentir o presentir, incluso puede introducirse en cualquier animal, en cualquier persona, y también en las alucinaciones de las imaginaciones febriles.

Otra clásica historia alusiva al diablo la encontramos en la pieza musical folclórica El testamento, autoría de Rafael Escalona Martínez, nacido en Pitillal el 27 de mayo de 1927 y fallecido en Bogotá el 13 de mayo de 2007, el cual alude al diablo en un símil con el tren que recorría la Zona bananera de Santa Marta.

El testamento
(Fragmento)
Adiós, morenita, me voy por la madrugada
no quiero que me llores  porque me da dolor.
Paso por Valencia, cojo la sabana,
Caracolicito y llego a Fundación.

Y entonces me tengo que meter
en un diablo al que le llaman tren,
que sale por to’ la zona pasa
y de tarde se mete a Santa Marta.

revista de poesía de Casa de las Américas La Estafeta del Viento titulada Rafael Escalona, cuando el vallenato se vuelve alta poesía, explica de la siguiente manera la expresión “un diablo al que le llaman tren”: “(…) para el campesino de entonces, el tren era algo raro y lo calificaban de una manera despectiva: hablaban de él como el diablo. Nosotros ya habíamos visto al tren en el cine, pero el campesino todavía no” (p. 15).

El tema del destino de los niños que mueren sin haber recibido el bautismo fue abordado en la canción el bautizo, del compositor nacido en Colosó (Sucre) Esteban Salas Sumuzo, la cual fue incluida en el álbum La Cita e interpretada por el conjunto de Los Hermanos Zuleta en 1972. En este canto folclórico se expresa el compromiso por parte de los padrinos para con el futuro del ahijado, cuya condición de niño no bautizado podía convertirlo en moro, o facilitar que el diablo cargue con él, o en caso de muerte, su destino podría ser el llamado limbo de los niños, estado o lugar permanente de los no bautizados que mueren a corta edad sin haber cometido ningún pecado personal, pero sin haberse visto librados del pecado original mediante el bautismo. 

El bautizo
(Fragmento)
Tengo un compromiso serio y yo lo voy a afrontá.
Pobre de José Javier el diablo se lo va a llevá
pero cuando pise el valle yo lo voy a bautizá.
Así, comadre Celmira usted se va a contentá (bis).

Se lo bautizo en la calle, se lo bautizo en la iglesia
lo que sí le garantizo es que moro no se queda (bis).

LA FIGURA DEL DIABLO EN OTRAS MÚSICAS DEL CARIBE COLOMBIANO
  
Además de las anteriormente citadas composiciones de la música vallenata en las cuales se hace alusión directa al diablo, existe un amplio repertorio en el cancionero popular en las que duendes, “aparatos”, fantasmas, magos y brujos son protagonistas, y estos generan los mismos temores que el demonio; figuras malignas que no obstante en la mayor parte de estas tonadas folclóricas son objeto de burla y jocosidad por parte del hombre caribe.

En los años 60, la música colombiana adoptó algunos géneros del mercado caribeño internacional a través de conjuntos de acordeón como los de Calixto Ochoa, Ángel Vásquez, Rafael Cabezas, Aníbal Velásquez y Alfredo Gutiérrez, todos ellos en formato de charangas,  pachangas y guarachas ejecutadas con acordeón como instrumento líder, quienes interpretaron una música con sonidos distintos de los que hasta ese momento se escuchaban en el Caribe colombiano.

Uno de estos destacados innovadores es el músico cartagenero Ángel Vásquez, quien compuso la charanga  interpretada en acordeón Mandinga es el diablo, en la cual alude al demonio, denominándolo como lo llaman los afro descendientes: mandinga. Vásquez, fiel a su influencia negroide, aporta en la citada composición la fórmula para retirar y ahuyentar a Satanás, un conjuro con todo tipo de plantas: Yerba santa y yerba buena/ Toronjil y matimbá /con la ruda y la verbena/sirven pa´ retirá el mal. Mandinga es una representación del diablo, cuyas características son las de presentarse como un ser humano normal o casi normal, con la intención de mostrar una apariencia amigable, para poder cumplir con su objetivo de hacer caer a los hombres en el pecado; al alejarse, mandinga, era reconocido por el olor a azufre.

Mandinga es el diablo
Yo conozco un muchacho
Que lo llaman Mandinga (bis).
¡Ay qué apodo tan malo!
Mandinga es el diablo (bis).

¡Ay, mira que te agarra!
¡Mandinga!
¡Mira que te coge
Mandinga!.

Yerba santa y yerba buena
toronjil y matimbá
con la ruda y la verbena
sirven pa´ retirá el mal.
Quema incienso, quema hierba
pa´ Mandinga retirá.
¡Fuera contigo, Mandinga!

En el África llaman
a mandinga por diablo (bis).
y las brujas lo aclaman
¡Ay, Mandinga!…¡Mandinga!

¡Ay, mira que te agarra / Mandinga!
¡Mira que te coge / Mandinga!

Eliseo Herrera Junco es uno de los cantantes más creativos, versátiles y prolíficos del Caribe colombiano. En la agrupación Los Corraleros de Majagual se destacó por sus trabalenguas y escurridizas jerigonzas, por lo cual fue bautizado como "el Rey del Trabalenguas", compositor de más de un centenar de canciones, una de las cuales es  El diablo, pieza musical en la cual aborda la polémica acerca de la existencia del Maligno, reafirmando en ella su carácter de opositor de Dios y defendiendo su condición de católico.

El diablo
Dicen que Dios toda la vida
Y que tiene un enemigo
que le llaman el diablo
¡Jesús, María y José! (bis).
Porque cuando Dios se descuida
Hacen sus diablurones
Y se va renegando.
¡Ave María Purísima! /  María Purísima, ¡Dios mío!
¡Que se retire el diablo! (bis).
Pero la gente dice que no existe el diablo
Pero según la historia
Parece que sí hay el diablo.
Pero ¿cuál es verdadero nombre del diablo?
Porque le dicen diablo / le dicen Satanás
Le dicen el demonio / le dicen Lucifer, también.

Dicen que hay diablo / pero no lo ven.
Que son más flacos / pero no lo ven.
Que este está flaco / pero no lo ven.
Que anda con uno / pero no lo ven.
¡Jesús, María y José!

Trabalenguas:
¡Jesús, María y José! ¡Ave María Purísima, Dios mío! (muchas veces)
               
Dicen que en los tiempos pasados las mujeres volaban
Hasta en la madrugada.
¡Jesús, María y José! (bis).
Con un secreto que rezaban.
Que llamaban al diablo y se volvían fantasmas
¡Ave María Purísima!
¡Ave María Purísima, Dios mío!
¡Que se retire el diablo!
¡Ave María Purísima, Dios mío!

A manera de conclusión podemos evidenciar cómo a través de distintas manifestaciones de la cultura popular, con la figura del diablo la Iglesia católica pretendió defender los principios básicos de la doctrina, la santificación de las fiestas, el peligro del pecado mortal y sus consecuencias, la necesidad de la oración, el riesgo que para el alma existe en las diversiones y placeres mundanos, los peligros de la ilustración y la modernidad con todo su ideario, entre otros.

Sin embargo, los compositores del Caribe colombiano se burlan del diablo, juegan con él y lo condenan al mismo sufrimiento de los humanos, como lo muestra el creador plateño Roque Saballeth, quien en una estrofa magistral se mofa del Maligno dándole categoría de bufón, sin que por ello perdiese su inherente maldad.

Joselito el borrachón
(Fragmento)
El diablo llora borracho
Lo vio Roque Saballeth
Si no lloras por mujé
Porque llevas esos cachos.

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